La meditación zen- Satori

¿Qué es la meditación zen?

Es muy importante la concentración en cada momento, llegar al estado de “siempre alerta”. Esto confiere al zenista un carácter de utilidad inconmensurable, ya que siempre puede estar haciendo algo (desde contemplar el cielo, hasta estar en la cola del banco) y no hay nada más lejos de él que el aburrimiento, ese mal que tanto nos aqueja en nuestra época.

3 medios se usan comúnmente para alcanzar el satori:

– Meditación
– Koans
– Mondos

Hoy nos centraremos en la meditación.


La meditación en el Zen no es la misma que en otros sistemas filosóficos-religiosos orientales. En el Zen la meditación es un constante estar atento, consciente, forzar la voluntad para permanecer en estado de alerta.

Los practicantes de otros sistemas realizan una meditación distinta, que en ocasiones consiste en caer en una especie de ensoñación o estado autohipnótico. Lo bueno de la meditación Zen, es que es activa, la de otros muchos sistemas, es pasiva.

El Zen corre hacia la vida, otros sistemas huyen de la vida y, por esa característica, sirven de cuna a personas que buscan escapar de la dura realidad a que estamos acostumbrados hoy en día (y más en la Argentina). Nada más perjudicial, nada que pueda acentuar más la neurosis.


El Zen entonces es una forma de ir hacia la vida, jamás una manera de huir de la vida. Un hombre sin temor, sin ansiedad, sin complejo de culpa, seguro, confiado en sí mismo y en la vida, es un hombre estable, equilibrado. Ese hombre, aunque no posea ningún bien material, podemos estar seguros de que es el hombre más rico de la tierra.


Ahora bien, no basta con meditar, sino que es necesario llevar los resultados de la meditación a la práctica. ¿De qué sirve llegar al convencimiento de lo bueno de mantener la serenidad ante un momento crítico, si luego, al actuar se vacila?
Por lo tanto, el Zen es algo más que meditación. La disciplina Zen consiste en abrir el ojo de la mente para mirar dentro de la razón misma de la existencia.
Creo que este pasaje describe de manera contundente la meditación en el Zen para alcanzar el satori:

Estaba un maestro Zen sentado, aparentemente meditando, cuando llegó un discípulo y le preguntó:
– Maestro, ¿en qué meditas?
– En lo que se encuentra más allá del pensamiento.
– ¿Cómo consigues meditar sobre aquello que está más allá del pensamiento?.
– No meditando.

Do, el camino japonés hacia la paz espiritual

El concepto de Do, forma parte integrante de lo Budo (la vías de combate, las antiguas artes marciales), sin el cual, estos no serian más que simples técnicas de comabate (Jutsu).

Por eso mismo, el nombre de las artes marciales japonés terminan con la terminación Do (Aikido, Karate-Do, Kendo, Judo, Kyudo etc) ya que no son solo un conjunto de técnicas para combatir, sino un camino a la paz interna y la unión de mente, cuerpo y espíritu.

El vocablo puramente japonés correspondiente a esta palabra chino-japonesa (del chino Tao-dao) es Michi, que significa “camino”.


Do es la vía o camino espiritual seguido por los adeptos de una disciplina marcial, religiosa o artística, y estético para el cual es primordial la búsqueda de la serenidad del espíritu, su absoluta ecuanimidad, ya sea en la práctica de las artes marciales o en otras disciplinas.


Sin embargo, el concepto japonés del Do es diferente al concepto chino del Tao, no habiendo en él ninguna connotación religiosa o supersticiosa, no es más que un camino (Michi) a seguir por los que quieren vivir una auténtica vida de hombres libres.


El Do es el camino que conduce a la luz, al despertar de uno ante su propia naturaleza, idéntica a la del universo. Es pues, una búsqueda constante de la propia perfección e implica la práctica de numerosas virtudes, las cuales deben conducir al individuo en perfecta unión (Ai) consigo mismo y con su entorno.

El único fin del Do es la armonía espiritual de todos los seres, el acuerdo pleno de uno con la energía universal. No es extraño entonces, que la filosofía del Do sea inseparable de la del Zen.